Mi sudor rememora
Aquella venus nacida
del fuego.
En el abismo de Hefesto
se divierten horrores
que los dioses
condenaron.
La belleza se mezcla con la basura, y se convierte en oro negro. Nace así su antí-tesis, su parte oscura: La anti-estética.
Cuando los tabúes son transgredidos y la moral ya no es una muralla efectiva, se despierta en los nervios un nuevo mecanismo estético. Las imágenes feas comienzan a ser adoradas. Todo lo repudiable, lo negro, lo que reprimimos comienza a tener gracia y valor. Es el momento de la creación anti-estética.
En la antiestética se reunen todos los valores visuales repudiables a simple vista y se los observa desde un punto de vista artístico. Todo aquello que tratamos de evitar por ser feo, repudiable, horroroso, etc, es reivindicado y sale a la luz. El sol ilumina toda la negrura de nuestro interior.
Un lago de petróleo arde ante el tacto dorado de la Razón.
La antiestética resulta en la depravación. En un leve interludio musical en dónde la destrucción es la única norma. Mancilla todo lo bello que encuentra a su paso, lo consume y venus resurge del fuego. Su piel es negra, como su corazón.
Sin embargo, la tormenta pasa, El vientre de la furia es su rápida desaparición. ¿qué deja?. ¿Que hay después del abismo? Nada. Un cuerpo embarrado de abominable hedor. La razón viste ropajes sucios y viejos. Todo murió.
No queda nada, sólo conceptos podridos, quemados, catedrales destruidas, y nuestros arrepentimientos.
Marcos Liguori.




















