domingo, 23 de agosto de 2015

Lo Mundano.




Cuando captamos las sublimidades de este mundo en su mayor expresión, un ligero temor puede atormentarnos. Ese temblor se traduce en la posible pérdida de la profundidad. Lo que antes era a nuestros ojos divino de pronto se vuelve amargo, sin sabor, con la angustia como única recompensa. Un demonio nos susurra al oído que todo lo que ahora es tan bello y singular puede ser una extrema farsa. Todo lo que apreciamos puede perderse en un vacío y convertirse en algo mediocre. La música pierde profundidad, la belleza irrita por su ausencia.

Esto me hace preguntarme: ¿Hay alguien que quiera desmitificarse? ¿Quién sacrifica la furia por una cobarde razón?  Qué triste espectáculo de ver.

Todo esplendor de la forma, carne o espíritu, ya sea en su ardor divino o en su grito animal, tiene un hondo vacío al acecho. Un lobo que devora los rosales dorados y amenaza con la fealdad del lodo: lo mundano. Lo mundano es la monstruosidad hecha realidad. Es la ausencia de fin, la ausencia de medio, la muerte representada en el lienzo más negro.  Si a algo debe temer el hombre es a la carencia de emoción,  a la cúspide angustiante de lo mundano.  ¿Qué es lo mundano?  Es la victoria de aquel demonio que promete la  nada eterna y cumple. Es un dolor privado de estética. Es la tristeza intoxicada. Es la melodía de la mediocridad.





(Lo sublime pierde esplendor y se confunde en el espacio)

Dije: “El esplendor tiene un lobo al acecho”. Esto significa que  todo estado emocional intenso sufre la posibilidad de un ocaso.  Ese ocaso sólo es posible en el hombre. Es el único ser capaz de no ser sublime. ¿Por qué? Porque posee un mundo. Tiene la posibilidad de ser mundano.

¿Qué es poseer un mundo?  Simplemente tener consciencia de ese mundo.  Hacerse cargo de toda la miseria que nos rodea mediante esa consciencia. En su estado reflexivo, el hombre se identifica con las fuerzas angustiantes que su razón le dicta. Encuentra impotencia en la muerte e incapacidad de ver belleza. El existencialismo triunfa. El hombre peca, pues se identifica completamente con su ser y deja de lado su parte no-mundana, su parte como ente, su parte sublime.


(Se olvida a la belleza y se la estanca en moldes muertos). 


Queda claro que el ente (aquello que no es consciencia ni humanidad. Por ej: el mar) es sublime y el ser (lo consciente, lo humano) es mundano. 

El ente es la deshumanización individual en pos de la victoria de lo estéticamente sublime. Es la muerte absoluta del hombre. Si lo bello es ausencia de ser, entonces lo sublime es ausencia absoluta de ese ser. El hombre tiene y tendrá la posibilidad de su mayor obra de arte en la muerte. Sin embargo, esto sería inútil. Nuestro narcisismo nos perdona la vida. ¿De que nos sirve morirnos y ser arte si no podremos apreciar esa obra? El ente no puede enamorarse del ente. He aquí la bella tragedia que engendra al ser. 



(El ser elemental desarrolla facultades trágicas)



(Oscurece y se confunde en ente)
El ser  es aquella parte reflexiva  y consciente que hace al ser humano.  Asi como tiene la capacidad de apreciar, admirar, entender, cuestionar, etc.,  tiene el angustiante don del enamoramiento.  ¿Qué es el enamoramiento?  Ser queriendo ser ente.  Ser apreciando el campo del ente.  Diría Badudelaire: “esa necesidad del olvidar el yo en la carne extraña es lo que el hombre llama necesidad de amar”. Cuando el ser quiere arrancarse a si mismo y  su propia mundanidad en el campo de lo sublime, podemos decir que ama. Estamos de acuerdo que no hay nada más desgraciado que el ser, sin embargo, eso lo hace capaz de amar.

Se refutará que las emociones responden a patrones inconscientes, y por ende, a una parte más animal que humana (de hecho es lo que he afirmado en todos mis escritos de Caos del Espíritu). Esto es cierto en parte, pero no en su completitud. Los impulsos animales trazan el espectro sangriento de nuestra emocionalidad. Sin embargo, esto no sería posible si una parte de nuestra esencia no estuviera constituida por el ser. Si fuéramos puramente animales, seríamos furia en su máxima expresión. Seríamos pura inconsciencia y no existiría el concepto de emoción. Para amar necesitamos nuestra parte humana.  Cuando hago apología al animal, lo hago en defensa de una parte de nuestro ser que ha sido mayoritariamente reprimida. Hoy gobierna el hombre y se reprime el animal. Para mí ha de invertirse ese esquema  pero sin exterminar al hombre. Porque si exterminamos a nuestra única posibilidad de ser da lo mismo la muerte.  




 (El exterminio absoluto es la quietud en perfección, pero quietud.)

En tanto, amar es el deseo de dejar de ser nosotros mismos,  al borde del exterminio, pero sin dejar de serlo. Es cuando el mar nos cubre y apenas nos deja respirar. Es la propia humanidad evaporándose por todos los sentidos pero sin fugarse completamente. En eso consiste la vida. Somos una porción de vivir en un inmenso mar de muerte y vacío. Aquel "crimen del ser*" ya ha sido realizado. El hombre ya existe. Ya  se ha desprendido del sublime mundo del ente. O peor aún, nació de ese desprendimiento. ¿Qué queda hacer?




                                (El ente se petrifica. Lo sublime queda aislado de la humanidad.)


Se trata de ser sublimes sublevando a nuestra parte mundana. Se trata de contaminar nuestra feladad con el veneno de nuestra belleza. Hacer de lo mundano una fuerza menor, y sublimizar nuestras emociones. Hacernos obra de arte, pero no completamente, porque moriríamos. Si el lobo mundano devora las flores sublimes, estás han de herirlo con su veneno.  Esto es lo que buscamos. La mundanidad herida. La mundanidad sangrando. La belleza hiriendo a la muerte, no la muerte hiriendo a la belleza.  La “no” afirmación del hombre, pero sin dejar de afirmarlo. La doctrina del anti-existencialismo.  Ser bellos hasta un punto casi mortal, sin perder la vida.


(La sublimidad encuentra razón en lo oscuro)


(Porque la belleza se guarece en la oscuridad de la razón)

*Concepto regalado por Eleazar Toledo. 


Nota: Quisiera agradecer a Agustina Babini y a Eleazar Toledo, por dedicar horas y vida en este tema.

Marcos Liguori. 

martes, 28 de julio de 2015

Lo divino y lo animal.



(El cadaver divino toma forma en el animal.)

La idea de Dios es una idea peligrosa. Quien osa a experimentar con ella corre el riesgo de adorarla. Pero sin embargo, una vez superada su repercusión moral y ontológica, puede ser útil en un sentido completamente creativo. Con Dios se abre de plano un nuevo estadio emocional y experimental en el sentido sentimental. El plano divino. Lo que propongo aquí no es una adoración o creencia en un Ser superior, sino una experimentación emocional con la idea de Dios. La idea de Dios, por más escupida que haya sido, se encuentra presente mediante el poder de las instituciones. Por tánto, robémosela, y relacionémonos con ella en un plano puramente individual.




(Lo místico produce terror)

Por más que Dios no exista, debe ser enfrentado, comprendido, y utilizado como concepto emocional. Dios deja de ser una entidad creadora y pasa a ser un plano emocional perceptivo en dónde las cosas tienen cierto valor superior al mundanal. Allí hay una fuerza, una divinidad propiamente humana, la conoración poética del hombre en pos de una obra que no puede crear racionalmente. Dios es el ocaso de toda cotidianeidad en un plano superior y misterioso. Dios es la sumatoria de los anhelos y deseos humanos plasmados sangrientamente sobre un lienzo en blanco. Dicha pintura, refleja la crueldad como la desgarradora situación existencial en la que nos encontramos. Dios no es un enunciado, es una imagen. No es un razonamiento, es un dolor.





(Dios no existe sin la emoción)


El anhelo de trascedencia implica una sola cosa: intensidad. Dios es, por sobre todo, sinónimo de intensidad. Sin embargo, nuestras uñas son demasiado débiles para desenterrar su Cadaver. Se quebrarían. Han de tornarse, entonces, en garras que devoren el cielo. Si la intensidad ya no puede encontrarse en Dios ¿Qué queda de sagrado?. Lo animal.







(Lo divino y lo animal se confunden)

 Pero antes de preguntarnos por el animal, ¿por qué no el hombre?.  Porque el hombre está en plena muerte. El hombre fracasó. El hombre es un estado inherte. Una paradoja de la razón. El hombre es la intensidad mutilada en un suave raciocinio que solo profesa eternidades negras, alienación y decadencia. No hay nada brillante en el hombre, porque el hombre es negación de lo brillante. Es negación de lo sagrado y de lo animal.





(El hombre es carencia de divinidad y represión de animalidad)

Por contrario, tanto divinidad como animalidad dan la sensación de algo más. Dan el coraje y la voluntad de algo que no le importa su muerte. Son poderes en plena expresión. Son la propia reafirmación estética del individuo, que considera su sublimidad más digna que cualquier verdad.Una vez muerto Dios, y muerto el hombre, queda solo paso a lo animal. Lo animal no es un estado primitivo, sino una primitivización de las complejidades. Lo animal es un resurgir de la propia intensidad antes devenida en religión y asesinada en ciencia. La propia forma, la propia divinidad, se preserva de su muerte complejizándose a tal punto de volverse primitiva. Sangra de tanto orden, y se vuelve carne. Las emociones que antes nos hacían religiosos, hoy nos hacen animales.


(El salvajismo integra en su estética lo divino)





sábado, 11 de julio de 2015

La estética animal parte 2: El dolor.





Un fundamento elemental del compendio estético del cual pende el mundo es el inminente dolor. Sin dolor, la estética pierde todo sentido, valor y práctica. No me refiero a un dolor físico puro, como tampoco a lo que comercialmente se considera por el término en sentido emocional. Hablo del dolor como sensación estética.

Las sensaciones estéticas se conforman en impulsos y emociones que crean o admiran obras de arte totalizadoras. Cuando un ente o un escenario causan dolor la realidad es perfeccionada. Es pulida artísticamente. Me atrevo a decir que nadie que ha sufrido lo ha hecho sin arte, en cambio, quienes han gozado carecen en el cotidiano del mismo. Esto es porque no hay una industria ni un comercio para el dolor estético, sino que la tecnología vende una felicidad banal,  trocada en dolor ante la ausencia del bien que nos hace feliz.






(Lo que más se asemeja a la industria del dolor son las manifestaciones artísticas)

Sin embargo, cuando el dolor adviene, la angustia que se siente es por lo que llamo “el compromiso divino”. Cuándo alguien sufre, inminentemente, está padeciendo como animal*. Porque devora lo que académicamente se considera idealismo.  Se diviniza, o se animaliza, una misma realidad. Se la hace única. Pues el imaginario, en tanto solo imaginario, no debería causar daño. Pero cuando a ese imaginario se le otorga una realidad, se le da el status de la palabra “real”, el dolor es su principio.




("La biblia es poesía porque desea materializar una entidad no tangible". Eleazar Toledo)


Contrario a lo que la academia supone por dolor, lo que ha estudiado del dolor, aquí presento una perspectiva. No es difícil crear una realidad mediante el dolor.

Se tiene un imaginario. Por tanto, se podría considerar a este imaginario como distinto del mundo. Como un idealismo. Sin embargo, se devora o se sacraliza esa idea, es decir, se vierte dolor en ella. Así, pasa a tener un status jerárquico de peso y practicidad, y el ámbito etéreo se hace práctico.

Se refutará que con la felicidad acontece algo similar. Lo cual es falso. La felicidad quita realidad. Nadie se siente tan irreal como cuando es feliz. La felicidad necesita de posesión de materia, de bienes prácticos. Nadie es feliz por lo etéreo, y si lo es, es mediante el dolor.




 (La teatralización (devoración o sacralización) del imaginario mediante el dolor es equivalente a lo que llamamos realidad)


Para que un imaginario adquiera realidad ha de ser devorado o sacralizado. Para ello es necesario el dolor, y del dolor surge la estética. Por tanto, la estética es realidad pura. El paradigma de esta situación es la admiración de Dante por Beatrice. El poeta siente anhelos amorosos por una mujer a la cual solo conoce de vista y no le corresponde sino en indiferencia. El amor de Dante es un imaginario. Sin embargo, Dante sacraliza la imagen de Beatrice a tal punto que se la puede confundir con Dios. Hace de la idea de amor una idolatría con compromiso divino. Dante de hecho cree que Beatrice es una manifestación de la divinidad hecha forma. Su amor es imposible, porque es una imagen sacra.  Pero ¿Beatrice tendría algún sentido si no fuera por el dolor? El dolor es el medio con que fascina al poeta. Sin dolor, Beatrice no es más que un imaginario sin expresión práctica. Si Beatrice no causara dolor, sería una mentira. En el momento en que Dante deja de sufrir, Beatrice no existe.

(La musa porta ornamentos que evocan dolor. Sin dolor no hay admiración)

Por tanto, el dolor es realidad. La filosofía que cuestiona la realidad, que habla de la ignorancia, ¿Qué puede decir del dolor?.  Es por ello que carece de belleza, y carece de realidad. Tanto ciencia como filosofía deben comprender que sin dolor,  es decir sin  emoción o estética, el conocimiento no existe.


(La quimera de la ciencia y el dolor, es decir, el conocimiento y la estética). 


Nota: Quisiera agradecer a Agustina Babini y a Eleazar Toledo, sin quienes este texto no habría tenido lugar. 

Marcos Liguori

lunes, 29 de junio de 2015

La estética animal.




(El dolor constituye lo sublime)

 Cuando toda razón oscurece y queda inerte a cualquier falsa idea de progreso, el ser humano tiene dos opciones: o delatarse intelectualmente de esta situación, es decir, mirar y maravillarse de la nada, o buscar la trascendencia que esa  macabra razón le impide. El hombre racional, quien le reza al cadáver, dirá: “es imposible la vuelta al mito”. Sin embargo, quien a pesar de haber matado a Dios y toda esperanza en la palabra “verdad” siente dolor al apreciar lo que antaño consideraría bello, es víctima de una feroz melancolía. Llameselé la melancolía del presente o el dominio de la estética. Advierte, atónito, que a pesar de la academia, la estética no se puede matar. Sigue adorando las formas, en secreto, mientras escupe sarcasmo y pesimismo en la covención.



(La academia instruye, pero la esencia se mantiene animal)


Supóngase un ejemplo: Un joven aislado de todo contexto culturalmente intelectual vive su percepción estética con sumo embelesamiento. Nadie lo ha influenciado para tal cosa, ni una iglesia, ni una estructura de conocimiento, ni de arte. Sin embargo, cuando el joven,  guíado por ese estetismo que cree vivo y reinante, ingresa al “mundo cultural”, lee clara una insignia: “La belleza ha muerto”. Todo idealismo es pecado. ¿Qué pasa con su percepción estética anterior?. ¿Es falsa? ¿Es una quimera? Si, pero creada desde el “error”. Eso la hace verdadera, esencial y con el mismo status que cualquier juicio de la convención. Si el joven reniega del crimen de los académicos, deberá llevar su anhelo estético hacia un punto mayor, hacia el animal. Deberá totalizar la estética, pues no podrá justificarla en Dios, sino en la carne.



(Antaño la belleza era beatitud, hoy la convención obliga el esteta a refugiarse en el animal para hacerle frente a la máquina)


La tarea que me propongo es hacer una alabanza de la propia forma animal, buscándola en todo ámbito. Imponiendo la bandera de una diosa que hiere a todo aquel que la evada: la estética.

La estética es la reunificación de las partes escindidas del cuerpo universal en un punto que se enorgullece de ser como es. La estética es la búsqueda de la explosión del orden, a causa de exceso de orden. A causa de exceso de perfección. Cuando la perfección se desborda, todo adquiere sentido y valor. La estética es un fin, no un medio.




La estética es igualdad. Porque es holismo. Es un todo. Nada queda afuera del compendio estético sublime. Cada ser, perderá simbólicamente su soledad.



(La nada estética vence a la nada racional. La nada se hace todo.)


La estética es fin. Porque la estética es eternidad. La eternidad es la fuerza que escapa al peso devastante y limitador del tiempo. La estética no es la fuerza que compadece a Atlas en su padecer, sino la fuerza que destruye el mundo que debe cargar.

La estética es moral en su perfección. La estética es un dogma revelado. La estética es el paradigma de la libertad moral, porque es única. Le estética requiere acciones que mantengan su status y poderío. Por ello, la estética tiene como condición la igualdad social, logrando una totalización del estilismo en las acciones. Supone que todo acto tiene una consecuencia artística y si se impone la injusticia como algo estétiamente repugnante, la estética prevalecerá en verdad, justicia, y deber. Todo ciudadano tendrá una obligación estética que lo hará igual a los demás.

La estética del animal apunta a las expresiones libres del pensamiento. El pensamiento, acorde a los desvaríos estéticos, encontrará su rumbo perdido. Si todo se perfila a un fín estético, entonces no hay culpa. La culpa es el sentimiento obstructivo más perjudicial en la humanidad. La culpa hace a la pérdida y al arrepentimiento. Pero la estética, la estética purga el arrepentimiento con belleza. Si la razón no tiene un objetivo claro, ¡subordinemos pues, el pensamiento a la madre Venus!.




Sin embargo, cuando digo belleza no me refiero a la quimera que los intelectuales mataron en sus academias. Cuando digo belleza me refiero a la herida que hay en cada cosa. Al dolor de cada ente. De cada objeto. Al momento de observar algo bello pareciera que las cosas se retorcieran en su brillantez. Hay una pesadez que congela el tiempo. Las cosas tienen valor poético y simbólico. Entonces, ¿pueden ser meramente cosas?.



(La estética se concentra en un punto donde nada muere) 


Atención a este enunciado: “los entes tienen mundo” (inversión radical al esquema de Heiddeger*). Decir que las cosas no humanas están en el mundo de una manera inerte es ignorar el papel estético que desarrolla cada ser en el colectivo mundanal. El hombre no es un ser privilegiado, sino que debe buscar reintegrarse al orden de los entes. Sólo los entes participan como seres estéticamente sublimes.






Cuando un hombre se pule estéticamente, está anulando su humanidad. Se está ocultando. Está expresando a su animal. La estética deviene en las mejores decisiones, en la libertad, porque es un dogma. Quien aplica el dogma**, es libre. Quien por la razón decide otros caminos, es preso de esa capacidad de razonar. Por tanto,  el hombre deberá elegir: la estética o la razón. Pero una vez que  se conoce la estética, ¿quién podría rechazarla? Es tiempo, ¡no ya hombres, sino animales! de resucitar a Venus. 




Alegre me parecía Amor, teniendo 
mi corazón en la mano
y en brazos una
dama, envuelta en un lienzo, durmiendo, 
Luego la despertaba, y de este corazón ardiendo
ella espantada humildemente comía:
después lo vi partir gimiendo. 

Primer sonteto de Dante: La Vita Nuova. 




* Heiddeger plantea una diferencia entre el Dasein (el hombre) y el ente (animales, cosas). El Dasein es-en-el-mundo. El ente está-ahí. El Dasein tiene mundo. Se relaciona con el mundo. El ente, en cambio, está en el mundo, pero carece de mundo. No se relaciona con el mundo. Es pobre de mundo.

** Podría parecer contradictorio hablar de libertad y de dogma. Pero si consideramos que hay un dogma animal que se expresa mediante la voluntad estética, el no obedecerlo sería la verdadera ausencia de libertad. Sería la cárcel de la razón. 

Marcos Liguori

domingo, 7 de junio de 2015

El teatro de la irrazón





Hay sólo dos modos de existencia: El modo que vive el hombre y el modo que actúa el resto del universo, incluido los dioses. El hombre parece estar separado de su escenario vital por la capacidad de razonar. La razón es aquella trampa que sitúa al sujeto en cualidad de “espectador”. Por más que la filosofía o las diferentes ramas teóricas contemporáneas intenten reivindicar el cuerpo, el hombre parece haberse separado del mundo, ya sea mediante la admiración o la manipulación del mismo. La convención, entonces, crea un  escenario distinto en donde el hombre pueda desarrollar sus aptitudes. El hombre cercena sus deseos animales y los modifica mediante azotes del poder regente. La irrazón es flagelada y luego clavada a la cruz de madera denominada cultura.  Dios ha muerto, pero seguimos atados  a su cruz (mal plagio a Rimbaud*). 




(La ciencia, aliada a la convención, se encargó de institucionalizar la cruz.)


Sin embargo ¿quién se desangra? Ningún salvador, sino un monsturo. El animal. Vivir convencionalmente y vivir en la sociedad contemporánea es un constante sangrar del animal. Sin embargo, éste no muere. La convención le proporciona paños sucios de donde pueda beber agua y no deshidratarse. Las expresiones culturales, completamente institucionalizadas, son un ejemplo. El arte mediocre. El arte aceptado. La intelectualidad establecida. La intelectualidad reformante.  El cánon y el contra-canón.  El animal se pierde en las pequeñas batallas burocráticas del saber y la cultura. Vive sin vivir, porque no se representa.



(La estética del animal, aborrecible.)


 (Es embellecida por el hierro de la convención.)


¿Qué es representar? Representar es encarnar la propia vida y asumir la propia libertad. Es un estadio  imposible. Porque representar es asumirse a sí mismo, con la propia deformidad. Asumir la libertad individual es, a los ojos de la convención, ser preso de la irrazón. Para un hombre convenciónal, lo que yo llamo libertad es la peor de las determinaciones. Es la ausencia de pensamiento crítico. La ausencia de reflexión. De cálculo, de pensamiento. La ausencia de dominio de sí mismo.  Toda la historia de la filosofía arrojaría las saetas al ser que intentara vislumbrar que el pensar es una cárcel, aún más efectiva que la propia ignorancia. Representar es vivir auténticamente y ser uno mismo. Es la manifestación de la irrazón. Es la verdad (a los ojos de la convención es la falsedad o el error). 


(El mundo del ser es un teatro de lo real, el mundo de la convención una farsa.)


(La voluntad es el personaje de la irrazón.)


Podemos  ser,  o elegir ser.  Uno no construye su propia esencia, porque construir su propia esencia constituye un acto de libertad racional. La libertad irracional o la libertad de la voluntad es contraria a la voluntad racional, porque la voluntad racional especula. La libertad de la razón es el encierro de la irrazón y viceversa. La voluntad irracional es el auténtico animal  porque no ha sido amaestrado. La razón en cambio es un constructo. Quien quiera ver libertad en ello está siendo racional y cae en  la paradoja mencionada. El animal no es un proyecto, es la manifestación de la voluntad. La voluntad no es un proyecto. Es la manifestación de sí.  El hombre convencional, en cambio, si es  un proyecto. Ese proyecto se consolida reprimiendo la voluntad y eligiendo, ejerciendo la libertad racional. Si ejercemos la libertad racional, estamos eliminando la libertad irracional. Estamos eliminando la manifestación propia. Estamos evitando nuestra representación. Estamos eliminando nuestra obligación animal de ser nosotros mismos. La única moral existente, la de la estética animal. La estética animal no se construye,  ni se debate, la estética animal es.


(No hay construcción para lo único.)

Sin embargo ¿por qué nos odiamos tanto (es decir, a nuestro animal)? ¿Que hace que nos direccionemos y amaestremos nuestro ser hacia la felicidad (“la felicidad es una cárcel, es la peor cárcel que hay."**) o lo correcto convencionalmente? En el hombre de razón siempre habrá un vacío, una sensación de monotonía, se sentirá intrascendente, pequeño, y sobre todo inauténtico. El intelectual o el artista podrá descubrir esta situación y creer que se liberó mediante la cultura. Que vive en las sombras sarcástimente. Pero su sombra es aún más artificial que la anterior


(Las sombras creadas por las convención son invitaciones a que seamos devorados por anhelos artificiales.)

Me atrevo a decir que las únicas personas que viven y se representan a sí mismos son los considerados “locos". Son lós únicos serés dotados de razón que han logrado representar su propia esencia, eliminando completamente la eficacia de la razón convencional. Son evadidos y encerrados por la sociedad. Por los seres de la convención. Los seres de la luz. Mediante los fármacos o el encierro. Quedán confinados a la oscuridad. Quizás, a salvo. Són los únicos seres  que,  exiliados a las jaulas,  a las pastillas y a los azotes de la policía convencional, habrán vivido. 



(La policia convencional encierra al loco. Experimenta con él. Busca controlar el error.)


 (La irrazón, oscura, se manifiesta por encima de cualquier institucionalización y mecanismo de poder.)


("The fool" El demente, despreciado por la razón,se alza en victoria tras el telón.)


* ¡Creo en tí! ¡Yo creo en tí! Madre divina,/ Afrodita marina -¡Oh, amargo es el camino,/desde que el otro Dios nos atpo a su cruz;" Artur Rimbaud, Sol y Carne.
** V de Vendetta, Alan Moore.

Marcos Liguori.